Ayer me fui a Ikea con mi amiga. Ella conduce un pequeño pequeño pero apañado, de esos que mueves los asientos para tener más espacio en el maletero y a la inversa. Compré cajas de todos los tamaños, y ya le he colocado en mi armario. Así que ahora tengo un cajón lleno de cajas que me permite ordenar el orden. Me encanta abrir el armario y ver los cajones, y abrir los cajones y ver las cajas, y dentro la ropa clasificada por tamaño y función. Me pregunto qué diría Freud de eso.
Pero es que, en un mundo caótico, donde nada tiene sentido ni orden más que el del interés arbitario de los poderosos, poderosetes y poderosillos, ¡qué placer disfrutar de mi rincón del orden!
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1 comentarios:
Menos mal que aun no me has metido en un cajon... (no los habrá tan grandes). Por ahora me dejas suelto!. Hasta luego "montón de ropita".
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